El día
IV
El día se queda dormido.
Tú, que miras, oye:
un último suspiro,
como un decir adiós.
Un beso de plata
se posa en su espalda
y el día se queda dormido.
Un grillo va tejiendo
el nombre tierno
de la noche.
Nosotros miramos,
oímos, decimos.
Y el día descansa,
se queda dormido entre las ramas;
acaso es un pájaro que lo sueña.
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