El día se queda dormido.

Tú, que miras, oye:

un último suspiro,

como un decir adiós.

Un beso de plata

se posa en su espalda

y el día se queda dormido.

Un grillo va tejiendo

el nombre tierno

de la noche.

Nosotros miramos,

oímos, decimos.

Y el día descansa,

se queda dormido entre las ramas;

acaso es un pájaro que lo sueña.

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